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Dra. Aleksandra Djurić Milovanović: "Las organizaciones religiosas juegan un papel muy importante en la integración"

25 Marzo 2019

La Dra. Aleksandra Djurić Milovanović es Becada 2018 del KAICIID e investigadora del Instituto de Estudios Balcánicos de la Academia de Ciencias y Artes de Serbia

 

Según las investigaciones que ha realizado, ¿cómo cree que la religión puede afectar los procesos de integración?

Desde mi punto de vista, el vínculo entre religión, afiliación religiosa y su papel en la crisis migratoria no se tiene suficientemente en cuenta. Tanto la religión como la integración son términos muy complejos, difíciles de definir y que dependen en gran medida del contexto. El término “integración” puede tener diferentes significados en diferentes contextos. Si hablamos de integrar a personas principalmente musulmanas en países principalmente cristianos de Europa, la situación se complica todavía más. Los dos términos pueden ser muy difíciles de definir porque no hay solo una religión; estamos hablando de diferentes iglesias, diferentes comunidades religiosas. También estamos hablando de personas que tienen más de una identidad religiosa. Pueden pertenecer predominantemente a un grupo religioso, pero también debemos identificar la diversidad y las minorías que hay entre ellos. Cuando hacemos referencia a la integración y la religión debemos tener en cuenta este pluralismo.

Además de reconocer la diversidad entre comunidades religiosas, también tenemos que pensar cuánto tiempo permanecerán los recién llegados en un país. En ocasiones, como es el caso de Serbia, el país es una de las paradas del viaje donde no desean permanecer más de un par de meses, ya que el destino final es otro país. En este contexto, la integración no es lo mismo que en Alemania o Austria, puesto que la integración no tiene un impacto en este grupo. No obstante, debemos adaptarnos e intentar encontrar una solución para estas personas que permanecerán un período breve no permanente. Debemos descubrir cómo podemos ayudarles a integrarse en cierta medida, quizás por un año o dos.

Las comunidades religiosas pueden contribuir de manera importante. Desde 2015, muchas comunidades religiosas han proporcionado ayuda humanitaria (alimentos, refugio, medicamentos) desde el principio a través de diferentes organizaciones religiosas.

Mis investigaciones demuestran que las organizaciones religiosas desempeñan un papel muy importante, un papel crucial, cuando se trata de ofrecer ayuda inmediata.

Por las entrevistas que les hice entendí que la diferencia entre ellas y otras organizaciones humanitarias radica en que sus esfuerzos surgen de las propias comunidades religiosas. No necesitan elaborar proyectos. Tienen un acceso inmediato a la distribución de alimentos y fondos a partir de recursos a menudo reunidos por la comunidad.

Hay diferencias de país a país y la situación es diferente si alguien busca asilo o si está de camino hacia otro destino. Teniendo en cuenta estas definiciones, las comunidades religiosas y la religión pueden actuar de forma distinta y proporcionar respuestas diferentes a las personas que necesitan ayuda.

En general, la clave está en la solidaridad. La apertura que viene de las religiones es muy específico en las comunidades religiosas. Valores como la ayuda al Otro o la acogida del forastero están presentes en ellas desde un punto de vista teológico. Esto establece una enorme diferencia entre las organizaciones religiosas y las que no lo son.

 

¿Qué dicen sus investigaciones sobre la manera en la que el diálogo interreligioso puede contribuir a la integración?

Por lo general, el diálogo interreligioso nace de situaciones en las que la gente empieza a colaborar. Algunas comunidades religiosas que visité durante varios meses nunca habían colaborado antes. No existía ningún diálogo entre ellas hasta que empezaron a colaborar en un proyecto relacionado con los migrantes. Este tipo de situaciones también puede dar inicio al diálogo interreligioso.

El diálogo interreligioso puede contribuir a la integración, pero también las situaciones en las que las personas necesitan integración pueden favorecer el diálogo interreligioso.

A veces, las personas no se conocían, no colaboraban, pero tras llevar a cabo una iniciativa que trasciende sus propias diferencias religiosas y los límites nacionales o étnicos, el diálogo interreligioso empieza a funcionar sin tener que forzarlo. Surge espontáneamente como fuerza unificadora en respuesta a dificultades a las que se enfrentan las comunidades.

Lo que he visto en mis investigaciones es que el diálogo interreligioso en este tipo de situaciones se activa como consecuencia de las dificultades que se encuentran las personas. Es así como las comunidades empiezan a trabajar conjuntamente, y en estos casos pueden pasar muchas cosas. Nadie cuestiona la identidad religiosa. De alguna manera este tema queda aparte. Y ahí está el verdadero valor: cuando explican la manera en la que trabajaron juntos, se puede ver cómo esta situación les ha acercado, cómo una situación no relacionada con el diálogo religioso ha propiciado muchos resultados positivos, actuando como puente.

 

¿Cuáles son los desafíos que enfrenta el diálogo interreligioso en el proceso de integración?

Cuando hablamos de diálogo interreligioso, es muy difícil incluir a todo el mundo. Es posible que omitas o excluyas a una comunidad que querías incluir.

Además, no todo el mundo vive la religión de la misma manera. No se puede decir que estás llevando a cabo un diálogo interreligioso cuando solamente estás reuniendo gente. Eso es ser superficial. Hay que profundizar, encontrar los valores compartidos. Hay que ir más allá de los aspectos teológicos de cualquier religión y apuntar hacia la cohesión social y los códigos morales.

Asimismo, es importante que los líderes religiosos que participan hablen sobre cuestiones universales, a fin de que estos valores puedan ser útiles para comprender mejor sus sociedades. Todas las personas tenemos y compartimos aspectos muy similares que nos unen. El diálogo interreligioso solo tiene sentido cuando hacemos hincapié en ellos.

 

Usted ha explicado la relación entre religión e integración principalmente desde el punto de vista de la comunidad receptora. Pero ¿de qué manera afecta la religión a la integración desde el punto de vista de los migrantes?

Sobre todo depende del país al que se dirigen. Si llegan a países principalmente cristianos, puede resultar un poco difícil expresar sus propias identidades religiosas. Tuvimos un proyecto llamado “como un libro viviente”, en el que hablábamos con familias de migrantes como si estas fueran un libro. Ahí me di cuenta de uno de los peligros de que la religión se utilice indebidamente: las personas empezaron a convertirse a diferentes comunidades cristianas. ¿Es posible que no se sientan bienvenidos si dicen que son musulmanes? ¿Es posible que lleguen a bautizarse para sentirse mejor acogidos? ¿O quizás tengan la necesidad de practicar su religión de manera discreta? Se convertían sin tener ni idea de lo que era la comunidad.

Creo que este puede ser uno de los problemas en el futuro. No podemos anular la identidad de una persona porque tenga una identidad no deseada. Es posible que esa persona se convierta en “deseada”, pero en su interior no será un verdadero creyente. Las cifras de este fenómeno son reducidas: la gente no se está convirtiendo masivamente. De todos modos, es algo que sí ocurre y con lo que tenemos que tener cuidado. La religión es algo muy frágil y se puede utilizar indebidamente.

Tenemos que encontrar un equilibrio entre la apertura, el diálogo interreligioso, la inclusión y la posibilidad de escuchar las voces de los refugiados, de aquellas personas que quizás como consecuencia del miedo, de no saber qué otra cosa hacer, optan por tomar atajos intentando lograr la integración.

Este tema puede ser muy delicado si no encontramos un buen equilibrio con las expectativas que ofrece un país de acogida. Las comunidades religiosas deben observar estos casos muy detenidamente y no utilizar indebidamente a los migrantes, y viceversa.

Veo que esto está relacionado de manera decisiva con cuestiones en las que la religión y la integración se solapan, por lo que debemos tener mucho cuidado. Nosotros, los académicos, debemos investigar cómo esto puede desarrollarse. No sabemos lo que ellos esperan de las sociedades en las que van a vivir. Tenemos que escuchar lo que piensan a fin de preparar una buena respuesta.

 

¿Cree que la solución de escuchar a los refugiados recae en la investigación académica?

Únicamente mediante la colaboración entre varios sectores, profesionales y académicos, se puede obtener un panorama más detallado. La visión académica no basta. Sin duda, es importante para la elaboración de políticas en el futuro, pero también lo es tener en cuenta las experiencias que van más allá de nuestra propia investigación. Solo si se combinan experiencias de diferentes personas que trabajan con los migrantes con las de quienes están en contacto diario con ellos podremos tener una imagen más clara de la situación, que varía según el país.

A menudo los migrantes son invisibles. En ocasiones ni siquiera quienes trabajan con ellos les preguntan sobre sus experiencias o percepciones. Este será un punto crucial si queremos tener un análisis a largo plazo de lo que significa realmente la integración.

 

¿Puede compartir una historia sobre diálogo interreligioso e integración que le inspire a seguir trabajando en este campo?

Le daré un ejemplo de mi investigación con diversas organizaciones religiosas. He trabajado durante más de 10 años con grupos de minorías religiosas en Serbia. De alguna manera las minorías religiosas, especialmente las de denominaciones protestantes como los baptistas, pentecostales, etc., son bastante invisibles. De hecho, a menudo se les etiqueta como sectas o fanáticos en el discurso público.

La comunidad Adventista del Séptimo Día tiene una de las mayores organizaciones humanitarias: la Agencia Adventista para el Desarrollo y Recursos Asistenciales (ADRA). Desde la disolución de Yugoslavia, está presente en todas las actividades humanitarias relacionadas con los refugiados. Lo que me resultó interesante en términos de diálogo interreligioso fue que no sabía que hubiera tanta colaboración entre esta organización religiosa de una minoría y organizaciones religiosas de iglesias mayoritarias. ADRA construyó un centro comunitario en el que impartían clases para migrantes y mujeres. Estas y otras organizaciones religiosas que anteriormente no habían estado en contacto parecían muy unidas en los servicios que estaban prestando.

Con estas historias creo que el diálogo interreligioso muestra otra cara de la situación. Facilita la comunicación entre comunidades donde antes no existía. Estas comunidades organizan conjuntamente conciertos musicales, obras de teatro y otras actividades. Se ve claramente cómo el diálogo interreligioso las ha unido.