En la República Centroafricana, un periodista utiliza el diálogo para reconstruir la confianza
Para Michael Mounzatela, el diálogo nunca ha sido algo abstracto. En la República Centroafricana, donde años de conflicto, desplazamiento y desconfianza han deteriorado las relaciones entre comunidades, este periodista ha trabajado junto a sus colegas para combatir el discurso de odio, contrarrestar los rumores y promover la cohesión social más allá de las diferencias religiosas.
Michael habla del diálogo no como una teoría, sino como un reportero que ha vivido las realidades de un país marcado por repetidos ciclos de violencia. También habla desde la experiencia personal. Creció en una familia de diversidad religiosa, con un padre católico y una madre pentecostal, donde la diferencia formaba parte de la vida cotidiana. A lo largo de más de doce años de trayectoria periodística, ha visto cómo el lenguaje puede alimentar las tensiones o contribuir a calmarlas.
Actualmente, Michael es presidente de la Unión de Periodistas de la República Centroafricana. Sitúa una parte importante de ese recorrido en un taller de formación organizado por la Plataforma de Confesiones Religiosas de la República Centroafricana (PCRC), su primer contacto con una iniciativa respaldada por el KAICIID.

Michael Mounzatela se dirige a los participantes durante un almuerzo con medios de comunicación en Bangui, República Centroafricana, el 8 de mayo de 2026.
«Aquel taller cambió algo», recuerda. «Al finalizar, se creó una red de periodistas y mis compañeros me confiaron el papel de coordinador nacional».
Para Michael, la conexión fue inmediata y personal. Antiguo seminarista católico, afirma que el diálogo formaba parte de su vida mucho antes de convertirse en parte de su trabajo profesional. La formación le proporcionó una comprensión más estructurada de cómo el diálogo interreligioso podía aplicarse en la práctica, especialmente en el ámbito de los medios de comunicación, donde el lenguaje puede profundizar las divisiones o ayudar a las comunidades a superarlas.
Posteriormente ayudó a coordinar la Red de Periodistas Sensibles al Conflicto y a la Prevención de Mensajes de Odio (RJSC), integrada en un esfuerzo más amplio del KAICIID en la República Centroafricana para apoyar la cooperación entre líderes musulmanes y cristianos y promover la paz y la cohesión social en comunidades afectadas por los conflictos.
La experiencia dio forma y estructura a algo que ya había percibido a través de su vida personal y profesional: las palabras pueden profundizar las divisiones, pero también pueden ayudar a prevenirlas.
Con el tiempo, su implicación fue creciendo. Participó en varias iniciativas más, primero como participante y posteriormente como facilitador de actividades apoyadas por el KAICIID. Uno de los momentos decisivos llegó en Viena, donde asistió a una conferencia sobre el poder de las palabras, un tema directamente relacionado con su trabajo en un país donde las narrativas mediáticas pueden influir en unas relaciones comunitarias ya de por sí frágiles.
De regreso a su país, aquellas enseñanzas se tradujeron en acciones concretas. Michael ayudó a organizar talleres sobre periodismo sensible al conflicto, violencia de género, gestión de rumores y desinformación. El objetivo no era únicamente reforzar los estándares profesionales, sino también ayudar a los periodistas a comprender su papel en la promoción del diálogo interreligioso y la reducción de daños en contextos vulnerables.

Michael Mounzatela with KAICIID local consultant Feralin Mindende-Mobaka following a community awareness-raising activity in Bouar.
Afirma que el cambio fue visible primero en el ámbito de los medios de comunicación.
«La formación ayudó a mis colegas a comprender la necesidad de promover el diálogo interreligioso y sensibilizar sobre estas cuestiones», explica.
El trabajo no se limitó a las redacciones. También llegó a las comunidades locales, incluidas las zonas rurales donde el miedo, la desinformación y el aislamiento habían consolidado la desconfianza.
Durante una visita a Baboua, cerca de la frontera con Camerún, Michael vivió una experiencia que aún recuerda con claridad. Las tensiones entre los pastores fulani y las comunidades agrícolas se habían agravado profundamente tras una serie de ataques y represalias. El contacto cotidiano entre vecinos y comunidades prácticamente había desaparecido. Gracias a un taller organizado a nivel local, miembros de distintas comunidades pudieron reunirse para escuchar las preocupaciones de los demás y debatir formas prácticas de convivir.
«Personas que habían dejado de saludarse se dieron la mano y volvieron a decirse hola», recuerda.
Para Michael, aquel gesto sencillo tuvo un enorme significado. En un lugar donde la sospecha se había convertido en algo habitual, volver a saludarse era una pequeña pero auténtica señal de que la tensión se había reducido lo suficiente como para que las personas pudieran volver a verse de otra manera.

Michael Mounzatela conversa con S. E. el profesor Faustin-Archange Touadéra, presidente de la República Centroafricana, durante un acto público.
Con el paso del tiempo, considera que este tipo de trabajo ha contribuido a reducir los mensajes de odio en contenidos de radio y televisión, además de reforzar los esfuerzos más amplios en favor de la paz y la cohesión social en el país. También destaca la creación de delegaciones prefecturales en distintas regiones para seguir abordando el discurso de odio, la violencia y los rumores más allá de intervenciones puntuales.
A nivel personal, la experiencia también le ha transformado. Afirma que le permitió construir una red más amplia de periodistas de diferentes confesiones religiosas y reforzar sus capacidades de liderazgo, rendición de cuentas y gestión de proyectos. Más importante aún, profundizó su comprensión del periodismo sensible al conflicto y del enfoque periodístico informado por el trauma, aspectos esenciales en un contexto donde muchas comunidades continúan viviendo con las consecuencias de la violencia.
Aun así, Michael tiene claro cuáles son los límites de este trabajo. En la República Centroafricana, uno de los mayores obstáculos es el acceso, tanto físico como informativo. Las deficientes infraestructuras viarias hacen que algunas comunidades remotas sigan siendo difíciles de alcanzar, incluso cuando son precisamente las que más podrían beneficiarse de las iniciativas basadas en el diálogo. Además, considera que debería prestarse mayor atención a la sanación de los traumas y al apoyo psicosocial, especialmente para quienes siguen sufriendo las secuelas emocionales de la violencia.
«Esos traumas son visibles», afirma. «Se perciben en la forma en que las personas reaccionan, en cómo se relacionan con los demás, en el miedo, la agresividad o el aislamiento».
De cara al futuro, Michael desea que la colaboración vaya más allá de la duración de los proyectos. Espera que existan más oportunidades para que los socios locales intercambien experiencias entre países y regiones, aprendiendo de lo que ha funcionado en otros lugares y adaptándolo a sus propios contextos.
Esta aspiración refleja el trabajo más amplio que desarrolla el KAICIID en África, incluidos países como Nigeria y Mozambique, donde el Centro apoya espacios de diálogo, iniciativas locales de paz y redes de cooperación entre actores religiosos y comunitarios. A través de su colaboración con la Unión Africana y ECOSOCC, el KAICIID también contribuye a crear espacios regionales para el intercambio de conocimientos y el diálogo sobre políticas públicas, permitiendo que las lecciones aprendidas en un contexto puedan servir para fortalecer la construcción de paz en otros.
En lugares marcados por el conflicto, las palabras nunca son neutrales. Pueden alimentar el miedo, reforzar los prejuicios y aumentar la distancia entre las personas. Pero también pueden apaciguar una situación, restablecer el contacto y abrir la primera puerta para que la confianza regrese.
Para Michael, el periodismo no consiste únicamente en contar lo que ha sucedido. También consiste en comprender cómo el lenguaje puede profundizar las heridas o ayudar a las comunidades a comenzar a sanarlas.
Héroes del diálogo
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