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Actores mauritanos abordan la migración, la cohesión social y el papel del diálogo

10 Julio 2026

Mesa redonda del KAICIID: Migración, cohesión social y diálogo interreligioso e intercultural en Mauritania | Nuakchot | Mayo de 2026

En Mauritania, la migración no es únicamente una cuestión de movimiento a través de las fronteras. También es una cuestión de confianza, percepción pública, relaciones comunitarias y de la capacidad de las instituciones y la sociedad civil para promover la inclusión sin dejar de atender las presiones que afrontan las comunidades locales.

Esta fue la cuestión central abordada durante una mesa redonda sobre migración, cohesión social y diálogo interreligioso e intercultural, celebrada en Nuakchot el 24 de mayo de 2026 como parte de la misión de seguimiento y evaluación del programa Dialogue360 del KAICIID en Mauritania.

El encuentro reunió a socios de Dialogue360, organizaciones de la sociedad civil mauritana que trabajan en cuestiones relacionadas con la migración y las personas refugiadas, líderes religiosos y profesionales de los medios de comunicación, entre ellos el profesor Ibrahim Bilal Ramadan, presidente del Consejo de Dirección y Seguimiento de la Autoridad Nacional para la Lucha contra la Trata de Personas y el Tráfico Ilícito de Migrantes. El debate se centró en los retos sociales y culturales a los que se enfrentan las comunidades migrantes, especialmente los niños, los jóvenes y las mujeres procedentes del África subsahariana, así como en la forma en que el diálogo puede contribuir a reforzar la inclusión, la convivencia pacífica y el entendimiento mutuo.

Mauritania ofrece un contexto singular para el diálogo. Hogar de diversas comunidades étnicas, lingüísticas y culturales unidas por una identidad mayoritariamente musulmana, el país se ha caracterizado durante mucho tiempo por sólidas tradiciones de cooperación comunitaria, solidaridad y apoyo mutuo. Estos valores sociales han permitido a las comunidades afrontar retos compartidos y constituyen una base importante para promover la inclusión y la convivencia pacífica. A medida que Mauritania continúa consolidándose como país de tránsito y destino para personas migrantes y refugiadas, estas tradiciones ofrecen un valioso punto de partida para fomentar el diálogo, fortalecer las relaciones entre las comunidades de acogida y las comunidades migrantes y apoyar respuestas impulsadas a nivel local ante las nuevas dinámicas sociales.

Migración y cohesión social

Los participantes analizaron el contexto migratorio de Mauritania, incluida la presencia de comunidades migrantes y refugiadas procedentes de países vecinos y de otras regiones del África subsahariana. Reconocieron los esfuerzos realizados para favorecer la regularización y la inclusión, al tiempo que señalaron las dificultades de gestionar la migración en un contexto marcado por la limitación de recursos y la presión económica.

También se expresaron diversas preocupaciones relacionadas con la migración irregular, entre ellas los riesgos asociados a la trata de personas, el tráfico de drogas, la explotación y la vulnerabilidad de las personas migrantes que viven o trabajan fuera de los sistemas formales. Los participantes subrayaron la importancia de sensibilizar a estas comunidades para que comprendan mejor los procedimientos de regularización, los mecanismos de apoyo disponibles y los riesgos asociados a las vías informales.

El orden del día de la mesa redonda también situó en el centro del debate la forma en que los niños, los jóvenes y las mujeres experimentan su integración en las comunidades locales, planteando si la inclusión depende no solo del acceso a los servicios, sino también de que las escuelas, los barrios y los espacios comunitarios les permitan sentirse seguros, reconocidos y aceptados.

El papel de los líderes religiosos y comunitarios

La mesa redonda se abrió con una reflexión del Dr. Zain Imam, antiguo miembro del Alto Consejo Islámico, sobre las enseñanzas del islam relativas a las personas migrantes, refugiadas y desplazadas. Sus intervenciones presentaron la solidaridad, la hospitalidad, la dignidad y el apoyo a las poblaciones vulnerables como principios éticos fundamentales para abordar los desafíos relacionados con la migración.

Este enfoque resultó especialmente relevante porque la migración suele abordarse desde una perspectiva administrativa o de seguridad. Los participantes ampliaron el debate preguntándose de qué manera los líderes religiosos, los educadores, las organizaciones juveniles, los medios de comunicación y la sociedad civil pueden contribuir a reducir la discriminación y fortalecer la confianza entre las comunidades migrantes o desplazadas y las comunidades de acogida.

El debate puso de manifiesto que el diálogo interreligioso e intercultural puede desempeñar un papel práctico cuando se vincula a las preocupaciones reales de las comunidades. El diálogo puede ayudar a combatir los estereotipos, crear espacios más seguros para la interacción, favorecer la convivencia pacífica y evitar que las tensiones desemboquen en divisiones sociales.

La sociedad civil como puente

Las organizaciones de la sociedad civil surgieron como actores fundamentales a lo largo de toda la discusión. Los participantes destacaron su papel en la prestación de servicios de apoyo, la facilitación del acceso a la información y su función de intermediarias entre las comunidades migrantes, las comunidades de acogida y las instituciones.

Este papel de puente resulta especialmente importante cuando las personas migrantes no conocen los sistemas formales o cuando las instituciones públicas afrontan limitaciones de capacidad. Las organizaciones de la sociedad civil pueden ayudar a identificar las necesidades desde una fase temprana, explicar los procedimientos, facilitar la participación comunitaria y construir relaciones que difícilmente podrían establecerse únicamente a través de los canales oficiales.

Al mismo tiempo, los participantes dejaron claro que la sociedad civil no puede asumir esta labor por sí sola. Las respuestas eficaces requieren la cooperación entre las instituciones públicas, los líderes religiosos, los educadores, los representantes de los medios de comunicación, las organizaciones locales y las propias comunidades migrantes.

También se abordó el papel de los medios de comunicación en la configuración de la percepción pública. Los participantes subrayaron la necesidad de promover una cobertura equilibrada que evite alimentar el miedo o los estereotipos, sin dejar por ello de permitir un debate honesto sobre los retos asociados a la migración. En contextos en los que la desinformación puede afectar rápidamente a las relaciones entre comunidades, una comunicación pública responsable pasa a formar parte de la respuesta para fortalecer la cohesión social.

Un llamamiento a un diálogo nacional más amplio

Uno de los mensajes más claros surgidos de la mesa redonda fue la petición informal dirigida al KAICIID para que valore la posibilidad de facilitar un proceso de diálogo nacional más amplio sobre migración y cohesión social en Mauritania. Los participantes sugirieron que dicho proceso reuniera a instituciones gubernamentales, organizaciones de la sociedad civil, líderes religiosos, representantes de los medios de comunicación y comunidades migrantes. El objetivo sería construir una comprensión compartida de los desafíos relacionados con la migración e identificar respuestas prácticas que fortalezcan la inclusión, la dignidad y la convivencia pacífica.

Esta recomendación refleja un mensaje más amplio surgido del debate: la migración no puede abordarse únicamente mediante proyectos aislados o intervenciones a corto plazo. Requiere un diálogo sostenido, coordinación y relaciones de confianza entre quienes se ven más directamente afectados y quienes tienen la responsabilidad de dar respuesta a nivel comunitario.

Al situar el diálogo en el centro de la discusión, la mesa redonda trascendió una visión limitada de la migración. La abordó como una cuestión humana, social e institucional que requiere cooperación multilateral.

En un país como Mauritania, donde la migración se entrecruza con la presión económica, la percepción pública, la inclusión de la juventud y la resiliencia de las comunidades, este tipo de diálogo puede constituir una de las herramientas más valiosas disponibles. No como un sustituto de las políticas públicas, sino como un medio para garantizar que estas, junto con la acción comunitaria, estén guiadas por las personas que viven estas realidades cada día.