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Reflexiones sobre el diálogo internacional entre culturas y religiones

02 Feb 2016
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[SÓLO ES AUTÉNTICO EL TEXTO PRONUNCIADO]

 

Estoy agradecido por la invitación del Centro Internacional Rey Abdullah Bin Abdulaziz para el Diálogo de Viena para hablar sobre el mandato de este centro: el diálogo intercultural e interreligioso, así como de los retos y oportunidades de este diálogo.

Ha sido un placer aceptar esta invitación.

No solo porque considero que el diálogo, la disposición a conversar y la capacidad de aceptar respetuosamente otras opiniones -incluso cuando no se comparten- son un requisito indispensable para la convivencia pacífica de personas, pueblos, culturas y religiones.

El ser humano no es una isla, sino un animal político, un ser social que moldea su vida mediante la interacción con otras personas.

Desde los primeros días de la historia de la humanidad, la vida se ha organizado en familias, tribus, pueblos y a menudo también por creencias religiosas y culturales comunes.

La seguridad dentro de estos grupos, el apoyo de la familia, la lealtad al propio país y el sentimiento de pertenencia a una ideología común ofrecen apoyo y seguridad. De hecho, son los pilares más importantes de la sociedad humana.

Pero esto puede verse desde otra perspectiva.

Y es que la lealtad al propio grupo, el sentimiento de pertenencia a la misma nación o al mismo Estado y las creencias religiosas comunes llevan a considerar a los "otros", es decir, a quienes pertenecen a otro clan o nacionalidad, o tienen otro color de piel, religión o ideología, como inferiores, rivales o incluso enemigos.

El griego clásico tiene un buen ejemplo de ello. Hoi Barbaroi es la expresión griega para quienes hablan una lengua extranjera; pero esta expresión también ha tenido la connotación de “primitivos”, de quienes se encuentran en un nivel inferior y son vistos como hostiles. En otras palabras, quienes hoy se conocen como "bárbaros".

Hay que superar esta contraposición, esta xenofobia.

Y ya se han hecho muchos esfuerzos en este sentido; por ejemplo, los esfuerzos movidos por las religiones que predican que todos somos obra de Dios y por tanto, iguales. O el postulado del amor al prójimo, la caridad, que no se puede sesgar ni restringir, cuando es precisamente oportuno. O la filosofía que predica educación, libertad, igualdad y fraternidad para todos y muchos otros ejemplos sacados de la historia. Pero también el arte establece normas, cuando intenta una y otra vez, derribar las fronteras existentes entre personas de diferentes estratos sociales y culturales, diferentes nacionalidades o diferentes religiones y tender puentes de igualdad y derechos para todos.

Al mismo tiempo, la historia de la humanidad demuestra año a año y día a día que ésta es una tarea vana.

Más aún: En la Europa moderna, las diferencias entre católicos y protestantes fueron durante siglos una de las principales fuentes de guerras y enfrentamientos violentos.

En el siglo XIX y XX fue sobre todo la formación de Estados nacionales y el fanatismo nacionalista lo que condujo de nuevo a enfrentamientos bélicos. Y de nuevo siempre hemos sido y seremos testigos de cómo el fanatismo religioso injustamente hace un llamamiento a una determinada religión que desemboca en violencia y terror.

Mi convicción personal es que sólo aquella religión que predique la paz entre las personas, va a cumplir su misión. Lo mismo ocurriría por supuesto con las creencias que no se basan en la religión.

La creación de las Naciones Unidas al final de la Segunda Guerra Mundial, que se cobró la vida de más de 50 millones de personas, fue un intento importante y lógico de evitar, o al menos limitar, la difusión de conflictos nacionales, políticos y religiosos mediante guerras y violencia e impulsar otras formas de resolución de conflictos. Una imagen moderna de la humanidad es la que muestra el Art. 1 de la Declaración de los Derechos Humanos de 1948: "Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros "

Estoy convencido de que el espíritu de la Declaración de los Derechos Humanos, la lucha intelectual y moral contra el nacionalismo exagerado, así como la disposición al diálogo entre religiones y culturas, complementado con una mejora mundial de las condiciones sociales y económicas de las personas, es la mejor manera de promover la dignidad del ser humano y de superar la maldad de la guerra y la violencia. A su modo acertado e inteligente, Willy Brandt, en su discurso de agradecimiento durante la recepción del Premio Nobel de la Paz de la Universidad de Oslo, el 11 de diciembre de 1971, dijo: "Ningún interés nacional puede hoy en día desvincularse de la responsabilidad común de la paz. Porque la guerra ya no es la última ratio sino la última irrito". Y mucho antes de esa sabia frase, Albert Einstein dijo: "Toda guerra es una derrota del espíritu humano".

Sin embargo, sigue siendo actual el tira y afloja entre la guerra y la paz, entre la razón y la violencia, entre la tolerancia y la intolerancia, entre la fraternidad y la hostilidad.

El escritor romano Ovidio no tenía razón cuando retrató en su Metamorfosis una "Edad de Oro" en los tiempos más oscuros de la historia humana, ni tampoco aquellos que esperan que la historia humana en un futuro lejano lleve a una Edad de Oro. Nunca ha existido una Edad de Oro y, probablemente, tampoco existirá nunca.

Porque las personas son movidas por influencias positivas y negativas. Reúnen lo bueno y lo malo y la frontera entre lo bueno y lo malo pasa, a menudo, como escribió Solzhenitsyn, por el corazón de las personas.

Las personas normalmente están convencidas de sus valores y su imagen del mundo y se sienten con derecho a luchar por imponer su posición. Sin embargo, el imponer su propia posición exige la represión o la dominación de las posiciones contrarias, lo que nos lleva al conflicto y la batalla.

Durante siglos y milenios de historia humana, estos conflictos se limitaban a una región. Había conflictos en el clan, en una tribu, entre grupos étnicos y a lo sumo, entre pueblos.

Pero las modernas tecnologías en la industria de las armas, las tecnologías de la información y la globalización de la política han provocado un cambio fundamental.

Los conflictos que en siglos anteriores se cobraban algunos miles de víctimas y, en circunstancias especiales, tristemente, algunas decenas de miles, provocaron en el siglo XX millones de víctimas y podrían tener repercusiones aún más dramáticas en el siglo XXI. Se trata de un gran salto en el sentido literal de la palabra. Las tecnologías han cambiado, pero la naturaleza de las personas y su pensamiento no lo han hecho, o al menos, lo hacen extremadamente despacio.

El principio de que el fin justifica los medios está limitado en la vida privada por la ley. En el campo de los conflictos internacionales, este principio de que el fin justifica los medios aún se sigue empleando, como se ve si echamos un vistazo a los acontecimientos actuales.

Los intereses de un Estado, los intereses de una alianza, los intereses de una creencia, los intereses de una potencia mundial prevalecen, demasiado a menudo, sobre el derecho del individuo o frente al derecho del más débil.

Y quien concede a su propia nación prioridad y más valor que a las demás, quien considera su propia creencia y religión la única verdadera y todas los demás falsas, quizás incluso como la expresión de un mundo que hay que combatir, no simpatizará mucho con la parábola de Lessing Nathan el Sabio, donde se pone de manifiesto la igualdad de las distintas religiones.

Así pues,  todavía nos queda mucho por hacer en este sentido.

Estimadas damas y caballeros:

En Austria la comunicación regular entre las 16 iglesias y comunidades religiosas reconocidas legalmente, entre las que se cuentan todas las grandes religiones del mundo, desempeña en mi opinión un papel importante y positivo.

En el centro de este proceso de diálogo se encuentran el fomento de la libertad religiosa y la protección de las minorías religiosas, así como una clara condena de cualquier abuso de la religión para justificar la represión, la violencia o la discriminación. La dilatada experiencia austriaca en el ámbito del diálogo se reconoce también a nivel europeo e internacional, y Austria quiere ser una plataforma para el diálogo internacional de las culturas y las religiones.

El Centro Internacional de Diálogo con sede en Viena (KAICIID) ha de responder a estos objetivos. Como plataforma de diálogo interreligioso, como constructor de puentes para  el diálogo interreligioso e intercultural, debe ser un aliado abierto y cosmopolita en el diálogo internacional. Sus actividades, tal como se prevé en el acuerdo fundacional, han de contribuir a fortalecer la convivencia y el respeto mutuos a nivel internacional. A través de una relación más profunda con las distintas iglesias y comunidades religiosas pueden marcarse tendencias importantes para un intercambio de ideas tolerante.

Sé que no es una tarea sencilla. Y que no siempre se puede agradar a todos. Pero el KAICIID es, que yo sepa, la única organización internacional en la que colaboran líderes de las cinco grandes religiones del mundo en igualdad de condiciones. A través de sus actividades, el Centro tiene el potencial de mejorar la compresión entre las religiones y de este modo realizar una importante contribución al desarrollo y el progreso de los derechos humanos.

En particular, el acuerdo para la reorientación del trabajo del centro de abril de 2015 brinda una gran oportunidad para desarrollar intereses comunes y fomentar el respeto entre las religiones y las culturas mediante el diálogo.

Puedo comprender que en algunos casos individuales puedan existir opiniones diversas sobre si ―o en qué medida y con qué formulación― deben comentarse o no comentarse determinados acontecimientos y determinados actos. Por ello es aún más importante que, a partir del trabajo global del centro, se reconozca claramente que sus esfuerzos van dirigidos en pro de los derechos humanos, la dignidad humana y la disposición al diálogo.

Otro objetivo importante para el espacio de diálogo de Viena es la determinación de que el centro se acerque en mayor medida a la sociedad civil, los medios de comunicación así como a las universidades de Austria.

En este sentido organizaron antes del verano un primer evento cultural con la actuación de dos grupos de música interculturales, y en otoño la mesa redonda Nostra Aetate con su eminencia el cardenal Schönborn. También se ha entablado contacto con la plataforma de las iglesias y grupos religiosos reconocidos legalmente, que en primavera se reunirá aquí, en sus hermosas instalaciones.

El diálogo intercultural e interreligioso requiere muchos aliados. Este hecho se tiene en consideración mediante la estrategia de ampliación del KAICIID, que, en el marco de su reorientación, prevé la incorporación de nuevos Estados miembros en aras del equilibrio geográfico, religioso y cultural. Me parece acertado y quiero manifestar mi apoyo a esta idea.

El KAICIID debe comprobar asimismo en qué medida y en qué forma puede ser una plataforma en la que se pueda hablar sobre preocupaciones, deseos y problemas del ámbito de los derechos humanos y el diálogo interreligioso de una manera objetiva, pero a la vez clara y abierta. En este sentido, pienso también en las tensiones entre Arabia Saudí e Irán, basadas en motivos políticos y religiosos. Estas tensiones deben reducirse y finalmente superarse mediante el diálogo y por medios pacíficos. Naturalmente es una tarea compleja y de larga duración, pero seguramente conocen el sabio refrán que reza: “Incluso el viaje más largo comienza con un primer paso”.

Como enemigo convencido de la pena de muerte me han causado gran dolor ―como ya expresé en mi charla de año nuevo ante el cuerpo diplomático― las 47 sentencias de muerte ejecutadas recientemente en Arabia Saudí.

Al mismo tiempo concuerdo con la opinión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas de que el derecho internacional resulta vulnerado si el edificio de una delegación diplomática, en concreto la Embajada de Arabia Saudí en Teherán, no se protege suficientemente de la violencia y de un incendio provocado.

 Por lo tanto, lo que necesitamos son las voces de la razón, señales de moderación y disposición a hablar.

Por último, me gustaría hablar también sobre el buen clima interreligioso en Austria. Esto no siempre ha sido así en la historia de nuestro país, si pienso en la época previa a la Segunda Guerra Mundial. La buena colaboración de las comunidades religiosas en Austria, marcada por la tolerancia, no debe darse por supuesta, sino verse como el resultado de intensos esfuerzos de diálogo y de una relación del Estado con las iglesias y las comunidades religiosas caracterizada por una neutralidad amistosa. Lo mismo se aplica en Austria también a aquellas personas que no forman parte de ninguna comunidad religiosa. En Austria, la libertad de llevar una vida cercana a la religión y la fe en todas sus formas y manifestaciones, o incluso de vivir lejos de las religiones está protegida por la ley y es un componente importante de nuestra cultura política.

Las Naciones Unidas alientan a todos los Estados a promover la idea de la tolerancia religiosa y el mensaje de la armonía interreligiosa. En vista a la urgente necesidad de poner fin a las guerras, la violencia y las transgresiones de los derechos humanos que se cometen de manera abusiva en nombre de la religión, es mi deseo apoyar expresamente esta exhortación.

Desde hace más de 70 años, con la Carta de las Naciones Unidas y la Declaración Universal de los Derechos Humanos se exige a los organismos políticos el fomento y la defensa de los derechos humanos, aplicables universalmente. Los Estados Miembros de la ONU se han comprometido a promover el respeto general y el mantenimiento de los derechos humanos y las libertades básicas. El preámbulo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 resalta además que una compresión común de estos derechos y libertades es de máxima importancia para el pleno cumplimiento de este compromiso.

 Austria está comprometida con el diálogo de las religiones debido a la convicción de que los conflictos pueden resolverse cuando se habla sobre las causas más profundas de los conflictos.

En este sentido, Austria persigue ante todo los siguientes objetivos:

el fomento del respeto a los derechos humanos universales, incluida la libertad religiosa,
el fomento del pluralismo étnico, cultural y religioso,
el fortalecimiento de la democracia y la participación ciudadana,
la consecución de la igualdad jurídica y fáctica de mujeres y hombres,
la intensificación del diálogo con el islam, pero también con los musulmanes y las musulmanas en Europa.

Las diferencias en relación a la posición de la mujer en la familia y en la sociedad que existen por una parte en el mundo islámico y por otra en Europa, se cuentan entre los puntos que en la práctica crean a menudo considerables dificultades y sobre las que debe discutirse abiertamente. En este sentido admito con gusto que la posición de la mujer en Europa y en otras sociedades industriales altamente desarrolladas ha cambiado profundamente en las últimas décadas, ya que ciertas cosas que hoy parecen naturales, hace dos o tres generaciones resultaban absolutamente inconcebibles. Esto abre un camino a la esperanza y a la expectativa de que la posición y el rol de la mujer también se desarrollarán en otras sociedades, por ejemplo en aquellas influenciadas por el islam.

El diálogo interreligioso ha adquirido un importante significado práctico en Austria y Europa debido a los acontecimientos del último año: la guerra de Siria ha desencadenado la mayor oleada de refugiados desde la Segunda Guerra Mundial. Austria se cuenta entre los países que más refugiados acogen por número de habitantes. No todos pueden quedarse. Pero muchos se quedarán. La integración a largo plazo de estas personas en nuestra sociedad representa un gran reto.

Por ello, quiero reiterar que los musulmanes que viven entre nosotros de manera permanente pueden y deben ser un componente valioso de nuestra sociedad.

Es posible ser al mismo tiempo un buen musulmán y un buen austríaco.

Austria tiene un largo vínculo histórico con el islam y fue el primer Estado en Europa que, hace más de 100 años, concedió al islam el estatus de comunidad religiosa reconocida legalmente. Vemos un islam con influencia europea integrado en un Estado con un orden democrático como la realidad experimentada por los musulmanes en Austria.

Por lo tanto, la integración de los refugiados en Austria en los próximos años requerirá cada vez más ser parte del diálogo entre religiones. La integración de personas vulnerables es una tarea seria de toda la sociedad, que debe prepararse cuidadosamente y organizarse competentemente para asegurar la cohesión y la paz social en Austria. Nadie puede negar que esto conlleva problemas. Pero si no hacemos ese esfuerzo, tendríamos problemas mucho mayores todavía.

Para asegurar una integración exitosa debe clarificarse que las actitudes extremistas de algunos individuos, contrarias a los valores fundamentales de nuestro Estado y nuestra sociedad y que ponen en riesgo la seguridad interna, son inaceptables.

Damas y caballeros:

Para finalizar me gustaría dar las gracias al KAICIID, a su dirección así como a todos sus empleados por su trabajo. les deseo el mejor de los éxitos en su futura labor a favor del diálogo entre civilizaciones, culturas y religiones.

El diálogo es y seguirá siendo clave en la convivencia pacífica de los seres humanos. Y la convivencia pacífica de los seres humanos constituye uno de nuestros objetivos más importantes, además de ser una base fundamental para la subsistencia de las futuras generaciones.

¡Gracias por su atención!

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