"Proteger a los vulnerables": Un mensaje del Secretario General del KAICIID en tiempos de crisis

20 Mar 2020

El estallido del COVID-19 presenta ante la humanidad un desafío sin precedentes, no sólo para quienes contraen la enfermedad, sino para todos aquellos que se enfrentan a problemas asociados a sus efectos colaterales: trastornos económicos, desempleo, interrupción de las prestaciones y cuidados, y riesgo de desórdenes y disfunciones sociales y políticas.

Gran parte de la problemática obedece a la necesidad de garantizar la suficiente capacidad de atención médica y social para proteger a los más vulnerables: los ancianos, los enfermos y los que viven solos. El aislamiento masivo de los que no corren un riesgo particular de la propia enfermedad es, desde el punto de vista clínico, un paso necesario para cuidar de los que sí lo están.

Se está pidiendo al mundo que se reinvente a sí mismo y que cambie sus prioridades, con un gran coste para los patrones tradicionales de interacción humana, para la economía y el comercio mundiales y para el empleo, con el fin de proteger a los más vulnerables. En un mundo cada vez más inclinado hacia el interés propio, podemos ver el renacimiento de algunos de los instintos humanos más nobles, como se refleja en numerosas culturas y religiones.

El KAICIID es una organización que cree en el diálogo, especialmente en el diálogo interreligioso e intercultural. Todas sus operaciones se basan en el principio de dejar de lado las perspectivas y prioridades personales para comprender y comprometerse con los demás. Este principio está consagrado en la naturaleza de la perspectiva programática de KAICIID, apoyada por una estructura de gobierno que incluye una Junta Directiva cuyos representantes profesan cinco religiones, y un Foro Asesor que representa a muchas más.

Todas las religiones tienen en su esencia el deber de proteger a los débiles y vulnerables. Los profetas y las figuras religiosas de las respectivas tradiciones religiosas, textos religiosos y enseñanzas señalan la importancia de las personas marginadas como vías hacia la Divinidad.

Los líderes religiosos y sus instituciones, las organizaciones religiosas y los creyentes comparten el deber de proteger a los débiles. Pueden ser más eficaces cuando trabajan mano a mano con distintos aliados, a través de religiones y culturas, y a través de diferentes tipos de organizaciones a todos los niveles.

Aplaudo las numerosas iniciativas que ya están en marcha para asegurar que este impulso caritativo se mantenga y se amplíe en esta época de crisis. En muchas partes del mundo, donde la seguridad, la infraestructura, la atención sanitaria y la red de seguridad social son inexistentes o débiles, son los líderes y las comunidades religiosas quienes asumen o complementan las responsabilidades normalmente reservadas a los gobiernos y los municipios.

En muchas partes del mundo, durante esta crisis, las organizaciones benéficas, las instituciones religiosas y los creyentes buscan a los vulnerables, se ponen en contacto con las autoridades locales, comprueban que las personas aisladas o en peligro tengan provisiones y el consuelo de saber que no están solos, y ofrecen su compasión a los que han perdido a sus seres queridos.

Muchos líderes religiosos con responsabilidad pastoral, y muchos creyentes, sentirán una sensación de desorientación a medida que los protocolos relativos a esta enfermedad cierren el culto colectivo. Pero la oración individual proporciona un acceso igualitario a la Divinidad. Los grupos aislados que rezan juntos descubrirán un nuevo tipo de solidaridad espiritual. Los creyentes no necesitan estar en la misma habitación para experimentar un sentido de identidad religiosa colectiva. Y muchos tienen acceso a medios de comunicación social y a teléfonos para comunicarse y cuidarse unos a otros y a los más vulnerables e, incluso, participar virtualmente en el culto conjunto.

A pesar de las dificultades operacionales, tengan la seguridad de que el KAICIID hará todo lo posible, utilizando su red mundial de relaciones tanto a nivel pastoral como de formulación de políticas, para preservar el espíritu de solidaridad entre las comunidades religiosas y sus asociados, tanto religiosos como de otro tipo, reflejar sus experiencias a lo largo de esta crisis, y facilitar la puesta en marcha de las mejores prácticas mientras luchamos contra los efectos de esta pandemia.

Mientras tanto, aliento a todos a que sigan encontrando formas de cumplir el llamamiento universal de todas las religiones y culturas: buscar y proteger a los vulnerables.