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Nostra Aetate en nuestros tiempos modernos

17 Dic 2015

Reverenda Kosho Niwano

Buenas tardes, eminencias, excelencias, distinguidos invitados, queridos amigos, señoras y señores.

Quisiera expresar mi sentida gratitud a los organizadores de este evento por haberme dado esta maravillosa oportunidad de hablar sobre el tema “Liberación e iluminación: Reflexiones sobre la creación de una cultura de diálogo y paz” en esta muy importante ocasión para reflexionar sobre Nostra Aetate en nuestros tiempos modernos.

Soy Kosho Niwano, de Rissho Kosei-kai, una organización budista japonesa.  Actualmente soy uno de los miembros de la Junta del KAICIID.

La palabra “Nostra Aetate” evoca para mí un sentimiento muy especial: El hecho de que mi abuelo, Nikkyo Niwano, fue invitado a la apertura de la cuarta sesión del Concilio Vaticano Segundo hace cincuenta años. En esa ocasión mi abuelo se reunió con el Papa Pablo VI y ese encuentro tuvo una influencia crucial sobre Rissho Kosei-kai, y también en mi propia vida.

El Buda Sakiamuni dijo hace 2.500 años: “Algunos dicen que es verdad, pero otros dicen que es falso. De esta forma, una gente habla de otra con prejuicio. ¿Por qué la gente que sigue el sendero de la fe no habla de los rasgos comunes?

Fundamentalmente, la religión no excluye a los demás. La esencia de la religión es la unidad entre uno mismo y los demás, lo que permite que los seres humanos amen a los demás como se aman a sí mismos”. “Es una discrepancia que las religiones se dividan y luchen unas contra otras. Todas las religiones deberían aprender las unas de las otras, hablar sobre los rasgos comunes y cooperar para conseguir la paz, atendiendo a esas enseñanzas”. “La única vía es la cooperación, con la que pueden llegar a salvarse el mundo moderno y el género humano”. Esas eran las convicciones de mi abuelo. Fue invitado al Concilio Vaticano por el Cardenal Morella, el primer Presidente del Consejo Pontificio de Diálogo Interreligioso del Vaticano. Mi abuelo visitó el Vaticano en septiembre de 1965.

Las palabras del Papa Pablo VI durante la ceremonia de apertura del Consejo Vaticano se aferraban sólidamente al espíritu de “Nostra Aetate”. Al día siguiente de su audiencia privada con mi abuelo, el Papa le dijo: “Conozco tus esfuerzos a favor de la cooperación religiosa. Por favor, promuévela de todo corazón. Estoy seguro de que Dios Todopoderoso bendecirá y protegerá tus actividades”.

Mi abuelo se sintió conmovido y las palabras del Papa se convirtieron en una firme convicción para él. Nikkyo Niwano, mi abuelo, resolvió firmemente: “No puedo cumplir con mi sagrada misión como persona religiosa si únicamente pienso en mi propio credo o confesión religiosa”. Empezó el camino para fundar la Conferencia Mundial sobre Religión y Paz (WCRP, World Conference on Religion and Peace, en inglés).

En aquella época vine al mundo. Mi abuelo estaba en Kyoto el 22 de enero de 1968, tan solo tres días después de mi nacimiento. Allí se produjo un debate entre líderes religiosos japoneses y americanos para materializar del concepto de la WCRP. También tuvo lugar un episodio entre mi abuelo y un representante de los líderes religiosos americanos que demuestra respeto y consideración mutuos.

En mis recuerdos de infancia siempre ha existido la imagen de mi abuelo viajando por el mundo. Alrededor de la mesa siempre hablábamos de diálogo religioso, de cooperación entre religiones y de la paz mundial. Era inevitable que hubiese muchos obstáculos y problemas para llevar a cabo esas actividades, pero mi abuelo siempre compartía muchas historias con nosotros, sus nietos, mirándonos con sus brillantes ojos de niño: “Hoy he conocido a una persona maravillosa”. “He tenido una maravillosa experiencia hoy”. Siempre me encantaron sus historias, siempre las disfrutaba. Así, fui educado en la idea de que en el mundo hay muchas religiones y personas maravillosas.

Como resultado de enormes e infatigables esfuerzos, la primera Asamblea General de la WCRP tuvo lugar en Kyoto en 1970, cinco años después de “Nostra Aetate”.

Mi abuelo valoraba que el diálogo interreligioso y la cooperación no fuesen algo exclusivo de quienes participaban directamente en esas acciones. En toda ocasión y en todo lugar, compartía la gran importancia que tienen el diálogo, la cooperación y las acciones interreligiosas concretas, en especial con la gente joven. Gracias a sus esfuerzos, en el movimiento Rissho Kosei-kai hay mucha gente joven que desea dedicarse al diálogo interreligioso y que cree firmemente en el diálogo.    

Otro episodio se produjo durante una reunión de la Junta de Rissho Kose-kai, cuando se formulaba el plan de acción para el año siguiente. Mi abuelo dijo: “No debemos hacer planes únicamente para nuestro propio crecimiento y desarrollo. En lugar de eso, debemos tener un plan que permita a otras religiones y organizaciones crecer y desarrollarse juntas”.

Para  mi abuelo, que dedicó más de media vida a hacer realidad la paz mundial a través del diálogo y la cooperación, fue la mayor de las alegrías que el Papa Juan Pablo II asistiese a la ceremonia de apertura de la 6ª Asamblea Mundial de la WCRP, celebrada en la Sala Sinodal del Vaticano en noviembre de 1994, y pronunciase un discurso conmemorativo.

Yo misma me dedico humildemente al diálogo y a la cooperación interreligiosa. Como ya he señalado, soy una entre cuatro comoderadores de Religiones por la Paz (RfP, Religions for Peace), que solía llamarse WCRP, y es una alegría para mí participar activamente en las actividades del KAICIID.

Recordaba las palabras de mi abuelo. “Cuando llamé a los líderes religiosos a la cooperación, casi todo el mundo me ridiculizó, diciendo que la cooperación religiosa era un sinsentido. Otros dijeron que hablaba de cooperación religiosa porque no tenía confianza en mi propia fe y religión”. Estoy segura de que la gente con que se reunió mi abuelo cuando viajaba por Japón y por el mundo, y también los líderes religiosos que lo ridiculizaban y criticaban, deben haber estado llenos de miedo, dudas y rechazo. Los seres humanos son, por naturaleza, débiles. Yo incluida.

Nuestros antecesores, que dieron el muy valiente primer paso que fue “Nostra Aetate” y fundaron WCRP, finalmente hicieron realidad el llamado “Milagro de la humanidad: WCRP”, superando diversos obstáculos y dificultades con la firme convicción de que la paz mundial no puede ser creada sin el diálogo y la cooperación interreligiosa, de que la creación de una plataforma de diálogo es ineludible ante el peligro de que la guerra nuclear aniquile a todo el género humano.

En los cincuenta años desde el nacimiento de esa iniciativa, el diálogo interreligioso y la comprensión mutua han ido avanzando de forma decidida. Sin embargo, y por desgracia, el mundo se está dividiendo a causa de la ignorancia, la duda y el miedo de unos hacia otros, y se dirige hacia el conflicto y el antagonismo. Tenemos que hacer nuestros los pasos de nuestros antecesores, preguntarnos otra vez cuál es el diálogo que es más necesario en la actualidad y mejorar el sistema operativo de ese diálogo.

El Vaticano participa como observador en el KAICIID, que fue creado por iniciativa del anterior rey de Arabia Saudí, Abdullah Bin Abdulaziz. Podría decirse que el espíritu de “Nostra Aestate” de hace cincuenta años ha dado un nuevo fruto. Respetar, apoyar, respaldar y cooperar con la voluntad de un diálogo abierto ofrece la oportunidad de construir una una sociedad en la que la diversidad sea más rica en el verdadero sentido de la palabra, en lugar de recurrir únicamente a los sistemas de valores del mundo occidental.

Reunirse con gente que tiene las mismas opiniones que uno debe ser muy placentero y satisfactorio. Sin embargo, “charlar” no es dialogar. El diálogo es “comunicar o interactuar con quien es diferente de uno mismo”. Existe “algo que debe trascenderse o superarse”. El diálogo es una interacción con “voluntad o intención de superar la discrepancia y el conflicto” que surgen con el encuentro de diferentes valores, a la vez que se reconoce y admite la diferencia.

Hablé sobre actualizar el diálogo durante la conmemoración del cincuenta aniversario de “Nostra Aetate” que se celebró en la Universidad Gregoriana de Roma el mes pasado, y fueron muchos los participantes que se dirigieron a mí después de mi presentación. Es algo que es más fácil de decir que de hacer. En primer lugar, querría destacar el “valorar a los demás”. A todos se nos da muy bien destacar nuestros propios rasgos y valores contantes, pero rara vez escuchamos a los demás. Aunque estemos dispuestos a escuchar, es muy fácil que sus voces nos atraviesen. Sin embargo, si somos sinceros a la hora de valorar a los demás, de apreciar sus valores, nos esforzaremos por escucharlos atentamente y encontrar sus rasgos positivos. Cuando nos esforzamos en encontrar los rasgos positivos de los demás, nuestros ojos son cálidos y nuestros corazones y mentes, ricos y afluentes.

Me gustaría cerrar mi discurso prometiendo ante todos vosotros que continuaré el diálogo que es “valorar a los demás” con mis amigos y compañeros, aunque sea un reto humilde. 

Muchas gracias a todos.