SU EMINENCIA METROPOLITANA EMMANUEL HABLA EN EL 30 ANIVERSARIO DE LA CUMBRE RELIGIOSA DEL MONTE HIEI

03 Agosto 2017

Su Eminencia Metropolitana Emmanuel

 

Terrorismo y religión - ¿Cómo puede la gente de fe aceptar y trabajar para combatir el radicalismo violento?

 

Distinguidos participantes,

Honorables invitados,

Damas y caballeros,

En representación del Patriarcado Ecuménico y del Centro de Diálogo KAICIID, me gustaría felicitarles con la ocasión de esta importante iniciativa que nos reúne aquí. Me siento particularmente honrado por su invitación para reflexionar sobre el terrorismo y la religión hoy en día, en un tiempo en el que estas dos palabras se usan y se ven demasiado a menudo como sinónimos.

¿Cuáles son los desafíos ante tal confusión, que lleva a la violencia religiosa y al radicalismo? Propongo reflexionar en, al menos, tres de estos retos: el extremismo religioso, las religiones y la protección de la dignidad humana, y las religiones y la protección del medioambiente como un nuevo campo para la cooperación interconfesional y la promoción de la paz.

El extremismo religioso. En mi opinión, basada en la realidad de la violencia religiosa que se vive hoy en el mundo, deberíamos mantener una reflexión sobre el nexo entre violencia y religión. Los fanáticos y terroristas desprecian el deseo y los mandamientos de Dios. Tal vez proclamen su creencia en Dios, pero no tienen ningún conocimiento al respecto ni viven una vida virtuosa. Consecuentemente, se puede decir que, en realidad, no creen en Dios. Como solemos decir: un crimen en el nombre de la religión es un crimen contra la religión. En un reciente discurso en la Conferencia Internacional de la Paz, en la Universidad de Al-Azhar, en abril de 2017, Su Toda Santidad Patriarca Ecuménico Bartolomé dijo con audacia: "El islam no es lo mismo que el terrorismo, porque el terrorismo es algo ajeno a toda religión. Por esto es por lo que el diálogo interreligioso puede acabar con el miedo y la desconfianza. Es algo esencial para la paz, pero solo con el sentido de respeto y confianza mutuos". Las palabras del Patriarca Ecuménico reflejaron lo que la Encíclica del Santo y Gran Concilio de la Iglesia Ortodoxa estableció en Creta en junio de 2016: "El diálogo interconfesional honesto contribuye al desarrollo de la confianza mutua y a la promoción de la paz y la reconciliación. La Iglesia se esfuerza en hacer "paz desde lo más alto", para que se sienta con más fuerza en la tierra. La verdadera paz no se consigue con la fuerza de las armas, sino a través del amor que "no busca su propio interés" (1 Cor 13,5). El aciete de la fe debe ser usado para aliviar y sanar las heridas de los otros, no para reavivar fuegos de odio".

La religión no puede justificar la violencia. El discurso del odio a través de la retórica religiosa no es solamente una ofensa contra las personas, sino también contra la religión. El uso cínico de la religión por los extremistas busca crear límites artificiales en el mensaje universal de paz y amor del que debemos ser testigos. Bajo estas condiciones, se ha negado continuadamente el derecho fundamental a la libertad de religión. Y, a pesar de esto, la libertad de religión, especialmente para las minorías, tiene su base en la dignidad de la humanidad.

Las religiones y la protección de la dignidad humana. Hoy en día, el asunto de la protección de la dignidad humana está muy relacionado al pluralismo religioso que se ha ocasionado por la actual crisis de inmigración. Las religiones tienen un papel fundamental en esto. Si consideramos cómo pueden las religiones promover la inclusión social y la justicia, podemos ver el compromiso que debemos perseguir. Como he dicho, en mi opinión, basada en mi modesta experiencia, creo que los actores religiosos y las organizaciones confesionales pueden fomentar una integración mejor de los inmigrantes. Les voy a dar tres ejemplos. El primero: cuando un nuevo inmigrante llega, no tiene por qué hablar necesariamente la lengua local. Las organizaciones confesionales le pueden ayudar a moverse en este nuevo contexto, llevándole a cursos de idiomas o incluso ofreciéndoselos. Segundo: las organizaciones confesionales también pueden ayudar a contactar a otras asociaciones locales. Me gustaría enfatizar el papel de la mediación que la religión puede jugar aquí. Ésta es la razón por la cual es esencial que las comunidades religiosas fomenten lo que Antonio Gramsci llamaba "intelectuales orgánicos", refiriéndose a las personas que podían construir puentes entre sus comunidades religiosas y los entornos sociales. Tercero: Las organizaciones confesionales pueden ayudar a demostrar que las costumbres culturales de origen de los inmigrantes y las de las sociedades receptoras son compatibles. Aquí es donde veo la importancia del diálogo interreligioso como un medio para responder a los prejuicios y predisposiciones, y para promover la paz a través de la inclusión social. Esto requerirá una voluntad de encuentro, de diálogo y de interacción. El diálogo interconfesional, en sus distintas expresiones, deberá contribuir a un mejor entendimiento del prójimo, rehumanizándolo y, por lo tanto, fomentando su dignidad humana y su seguridad. Nuestra respuesta debería ser lo más amplia y global. Para apreciar esto, tenemos que recordar la parábola del Juicio Final en Mateo 25, donde oímos a Jesús pronunciar las palabras: "Tenía hambre y me diste de comer; Tenía sed y me diste de beber".

Las religiones y la protección del medioambiente. Es imposible hablar sobre la religión y la protección del medioambiente sin compartir un entendimiento común sobre la dignidad humana. Como testigos de un mundo en crisis, necesitamos redescubrir el significado de la fe. Algunos culpan a la globalización. Pero detrás de este fenómeno, la humanidad debería afrontar sus propias responsabilidades, como personas interrelacionadas o, como yo diría, personas unidas por una relación con el conjunto de la creación. Si valoramos a cada individuo bajo la imagen de Dios, y si valoramos cada partícula de la creación de Dios, seguro que conseguimos concienciarnos sobre el cuidado del prójimo y de nuestro mundo. El problema ecológico de la contaminación está indefectiblemente conectado al problema social de la pobreza; y, por eso, toda la actividad ecológica está medida y juzgada por su impacto y efecto sobre las otras personas, especialmente los más desfavorecidos. El problema del medioambiente está muy relacionado con nuestro tema de hoy. De hecho, el cambio climático impactará en un futuro cercano, si no ya hoy en día, en más y más flujos de migración relacionados a conflictos geopolíticos. Para lograr el desafío del desarrollo sostenible, también tenemos que abordar un desafío espiritual: el de cambiar los estilos de vida. El espíritu de la conversión, en espiritualidad cristiana, hace un llamamiento a un cambio profundo, para una conversión del ser que alcance y supere al mismo tiempo que valora los asuntos medioambientales. El amor por el prójimo, presente y futuro, puede con el egoísmo. La acción colectiva de los creyentes aplicará presión sobre los líderes mundiales y los responsables políticos. Y la sobriedad será la respuesta a los apetitos del sobre consumismo. Compartir pone coto a las desigualdades y, finalmente, la caridad abarcará a toda la esfera política y social. A través de la oración y el compromiso, podemos alcanzar una nueva vida, una nueva sociedad sostenible, justa y pacífica. De nuevo, la Encíclica del Santo y Gran Concilio nos puede ayudar en la reflexión de hoy: "Las raíces de la crisis ecológica son espirituales y éticas, y vienen del corazón de cada hombre. La crisis se ha acrecentado en los últimos siglos debido a las distintas divisiones ocasionadas por las pasiones humanas, como la codicia, la avaricia, el egoísmo y el insaciable deseo de cada vez más, así como sus consecuencias para el planeta, como el cambio climático, que ahora amenaza a un largo conjunto de nuestro medioambiente, nuestra casa".

Estimados amigos,

El diálogo sustancial y real es una condición esencial para evitar el fundamentalismo y la violencia religiosa. Debería aplicarse en todos los sitios, y se deberían utilizar todos los modos de comunicación posibles. El diálogo entre los miembros de diferentes religiones no debería significar sumisión. El diálogo real no quiere decir someterse a la voluntad o a las opiniones de otros, ni tampoco perder la propia identidad. Debemos recordar al mundo que el uso del diálogo, como medio para intercambiar ideas u opiniones sobre asuntos particulares, y trabajando hacia un acuerdo entre iguales, lo cual suele resultar en una acción o solución, es la forma ideal de comunicación en una sociedad multicultural como la que disfrutamos hoy en día. ¿Cómo podemos aprender sobre los demás si no somos capaces de comunicarnos? Debemos tener en cuenta que el diálogo es más imparcial y justo que el debate, más honesto que la conversación educada y más conciliador que la discusión. Porque, como San Juan el Teólogo escribió en su Evangelio: "En el principio ya existía la palabra" (Juan, 1,1). Palabra, Logos. Es un modo continuo de pensamiento y reflexión conjunta para desarrollar un entendimiento común en las relaciones de las personas que buscan un balance equitativo entre el apoyo y la investigación. El diálogo honra a todas las partes involucradas, interrumpe las asunciones, observa al observador, escucha a sus propias palabras, está atento al pensamiento, busca la inteligencia colectiva, desarrolla un entendimiento común y da la bienvenida a las posibilidades. Es un proceso que lleva tiempo, dedicación y honestidad.

Debemos repetir constantemente, como líderes religiosos, que tenemos la misión, a través de nuestra continua cooperación, de promover a un nivel nacional e internacional la elevación de la dignidad humana, a la que consideramos como un reflejo de la imagen de Dios y opuesta al miedo, al reafirmar el vínculo de amor que convierte al conjunto de la humanidad como una única familia bajo el cuidado de Dios.