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"Quiero que todas las mujeres entiendan que pueden hacer una contribución significativa a su sociedad"

09 Dic 2020

Al crecer en la provincia del norte de Nigeria, "se suponía que las mujeres no debían resultar visibles, y mucho menos oídas", cuenta Lantana Bako Abdullahi– pero no iba a permitir que eso sucediera.

Para muchas mujeres en Nigeria, el matrimonio temprano significa el fin de su educación formal, lo que les impide desarrollar los conocimientos y las habilidades necesarias para ayudar a sus familias y comunidades a salir de la pobreza. Cuando sus amigas comenzaron a casarse en la adolescencia, ella se dedicó a la educación, ampliando sus horizontes y soñando con una vida más allá de las expectativas que le proporcionaba su sociedad.

Con el tiempo, el deseo de Abdullahi de elegir su propio camino se profundizó, convirtiéndose en una pasión que se convertiría en el trabajo de su vida: ayudar a los demás. 

"Sabía que tenía que hacer las cosas de un modo diferente, que tenía que fijar algunos objetivos y trabajar duro para marcar la diferencia en las comunidades afectadas por el conflicto, en toda Nigeria, en particular para las niñas y las mujeres".

Es una ambición que ha realizado y, esta semana, está recibiendo la recompensa por ello. El martes, en reconocimiento a su compromiso con la resolución de conflictos y los derechos de la mujer en la nación más poblada de África, Abdullahi recibió el premio Points of Light, una distinción que se concede a los voluntarios más inspiradores de la Commonwealth británica.

Para la becada y responsable de programas del KAICIID, es la coronación a una carrera histórica que fomenta la paz y el diálogo interreligioso en una de las regiones más devastadas por la guerra de todo el mundo.

Más de veinte años de conflicto étnico-religioso han asolado grandes extensiones del cinturón norte y medio de Nigeria, cobrándose decenas de miles de vidas y obligando a millones de personas a abandonar sus hogares.

Los enfrentamientos entre los pastores nómadas fulani -en su mayoría de religión musulmana- y los agricultores cristianos por la rápida desaparición de las tierras de pastoreo han sido particularmente agresivos. Abundan los informes de brutalidad en ambos lados, una consecuencia, dice Abdullahi, de la profunda desconfianza que se agudiza a nivel local.  

"La gente es prisionera en sus propias comunidades, en sus propios hogares, sin poder viajar al pueblo más cercano, porque está habitado por el otro grupo. Los niños pequeños crecen con la percepción de que las otras religiones son malas, que esas personas han hecho cosas malas a su comunidad."

Enfrentarse a estas divisiones es fundamental para la labor de Abdullahi en la mediación de conflictos; un proceso dominado por los hombres, indicativo del perdurable patriarcado de Nigeria. Superar los prejuicios de género ha sido un reto, dice Abdullahi - "Nunca se me consideró igual a un hombre, nunca se me tomó tan en serio" - pero necesario en su misión de ayudar a los más necesitados.

"Debemos tener mujeres promotoras de la paz, porque ellas son las más afectadas por los conflictos violentos. Escucho una y otra vez las mismas historias de mujeres violadas, mujeres secuestradas, mujeres asesinadas, a menudo como acto de guerra".

Las observaciones de primera mano de Abdullahi coinciden con el análisis estadístico. No menos del 30% de las mujeres nigerianas encuestadas entre 2012 y 2013 dijeron que habían experimentado alguna forma de violencia de género - una cifra que salta a casi dos tercios en el noreste de la nación.

Según los datos recopilados por el Consejo de Relaciones Exteriores, sólo el 6% de los 1.860 acuerdos de paz alcanzados en todo el mundo entre 1990 y 2019 incluían disposiciones que abordaban específicamente la violencia contra la mujer.

Por ello, a la vez que trabaja en la mediación de conflictos, Abdullahi orienta a las niñas y mujeres jóvenes, dotándolas de los conocimientos y la confianza necesarias para entregar a sus comunidades un plan de paz.

"A menudo en Nigeria, cuando incorporamos a los jóvenes al debate, sólo involucra a los hombres jóvenes. Entonces, pensé: ¿cómo podemos apoyar a las jóvenes activistas? ¿Cómo podemos darles una voz en el proceso de promoción de la paz?"

Al carecer de una plataforma preexistente para las niñas interesadas en la resolución de conflictos, Abdullahi decidió crear la suya propia: la ‘Women for Positive Peacebuilding Initiative’. Su equipo forma a los jóvenes en el arte del liderazgo, el diálogo interreligioso y la oratoria, en la creencia de que el verdadero cambio debe venir de abajo hacia arriba. Una vez concluida la formación, se encarga a los participantes que inicien sus propios programas locales.

"Es asombroso ver a estas jóvenes ir a sus comunidades y convocar reuniones, organizar actividades y hacer presentaciones sobre el impacto que el conflicto ha tenido en ellas".

"De esa manera, pueden integrarse en la toma de decisiones de base, y pueden ayudar a difundir el mensaje de la dignidad humana que se encuentra en todas las religiones."

Esta campaña de fortalecimiento llevó a Abdullahi al extremo nororiental de Nigeria, una región sin ley asolada por la insurgencia asesina de Boko Haram. Allí se involucró en la lucha contra el extremismo, esforzándose por desafiar el interés que provocan los militantes que, en 2014, adquirieron notoriedad mundial con el secuestro de 276 escolares.

"Mucha gente se une a Boko Haram porque ha experimentado algún nivel de abuso de los derechos humanos. Queríamos ver cómo podíamos contrarrestar eso, comprometiéndonos más directamente con las fuerzas de seguridad y las organizaciones de la sociedad civil, para reducir esas violaciones de los derechos. Si hay más confianza en las autoridades, creo que se unirá menos gente".

En ese frente, sin duda todavía hay trabajo por hacer. Las acusaciones de detención ilegal y de ausencia de procesos judiciales son generalizadas, mientras que la espantosa ofensiva de los insurgentes muestra pocos signos de desaceleración (se cree que la semana pasada los militantes asesinaron a decenas de nigerianos en lo que se dice que fue el peor ataque contra civiles en 2020).

Pero Abdullahi es una prueba viviente de lo que se puede lograr cuando se superan las adversidades y las barreras históricas. En última instancia, dice, este es su mayor logro: demostrar a las jóvenes de Nigeria septentrional y central que todo es posible.

"Quiero que todas las mujeres desfavorecidas entiendan que pueden lograrlo". Pueden hacer realidad sus sueños y contribuir significativamente a su sociedad".

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