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La voz de los sin voz: Las organizaciones religiosas se centran en cuestiones relacionadas con los derechos humanos

10 Diciembre 2020
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Javier Martínez-Torrón era un joven estudiante universitario en Granada, España, cuando fue testigo por primera vez de lo que supone la inclusión religiosa.

La forma en que la escuela católica en la que se había matriculado trató a dos compañeros de origen marroquí y de fe islámica tuvo una influencia crucial en su percepción del mundo, así como en su carrera.

Actualmente, es profesor de Derecho en la Universidad Complutense de Madrid, donde también dirigió el Departamento de Derecho y Religión. Martínez-Torrón solía observar cómo a los estudiantes musulmanes nunca se les incitaba a convertirse o ni siquiera a participar en ninguno de los actos católicos. Por el contrario, en una época en la que el pluralismo religioso no era todavía la norma en los sistemas educativos de España y Europa, la escuela proporcionaba horarios especiales de comida durante el mes de Ramadán y se aseguraba de que a los estudiantes musulmanes nunca se les sirviera cerdo si así lo deseaban. 

“Esto puede parecer obvio ahora, pero en aquel tiempo me impactó de verdad", recuerda Martínez-Torrón. "Me enseñó que una institución religiosa podía apoyar la diversidad religiosa en lugar de impedirla”.

Según este profesor de derecho, las escuelas religiosas tienen derecho a preservar su identidad y su misión, los cuales no pueden permitirse perder en nombre de la neutralidad. Sin embargo, esto puede hacerse respetando otras identidades religiosas.

"Muchos, incluidos algunos tribunales de justicia, no entienden lo que la identidad religiosa significa para las personas", explica. "El hecho de que las leyes y las constituciones de los Estados den a todos el derecho a elegir, no significa que todas las opciones sean iguales para todos. Para quienes tienen creencias profundas, esas creencias no son una opción. Si no entendemos eso, la libertad de religión se convertirá en una libertad fundamental de segunda clase".

Al igual que muchas sociedades, las organizaciones religiosas luchan por acordar un sistema conjunto de derechos y libertades universalmente reconocidos. Este proceso, comenta Martínez-Torrón, es normal y, según sus propias palabras, no tiene fin, porque a diferencia de los problemas matemáticos, los problemas sociales no tienen soluciones definitivas.

Martínez-Torrón, que actualmente trabaja con un grupo multidisciplinario de académicos de la Universidad de Friburgo, en Alemania, señala que esto conlleva una perspectiva muy diferente en comparación con sus colegas del campo de las ciencias experimentales. "Es un trabajo en progreso, una batalla que tenemos que librar sabiendo que nunca ganaremos. Lo que importa, sin embargo, es el viaje, no el destino: poder sentarnos en la misma mesa para discutir lo que es importante para nosotros, y los derechos humanos y las libertades son importantes para todos nosotros".

Tras haber trabajado durante ocho años en el Consejo Asesor sobre Libertad de Religión o Creencias de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), Martínez-Torrón sabe lo que significa discutir y construir un terreno común con personas de puntos de vista y creencias diametralmente opuestos.

"Según mi experiencia, mientras nadie tenga una agenda oculta y todo el mundo busque lo que es importante para todos, siempre se alcanzará un resultado positivo". A pesar de la falta de acuerdo en cuanto a sus prioridades morales, las organizaciones religiosas han estado trabajando muy activamente en los derechos humanos y pueden ejercer un papel crucial en su promoción.

“El valor de las organizaciones religiosas que se ocupan de los derechos humanos es que están en contacto directo con las bases, representan la voz de los que no tienen voz", dice la Dra. Elizabeta Kitanovic, Secretaria Ejecutiva de la Conferencia de Iglesias Europeas (CEC, por sus siglas en inglés), con sede en Bruselas.

"Por lo general, eligen una o dos prioridades de una amplia gama del programa de derechos humanos, ya que hay un conjunto muy complejo de instrumentos y mecanismos jurídicos que deben seguirse en la estrategia de promoción", añade.

Según Kitanovic, aunque la mayoría de las organizaciones religiosas abordan las cuestiones de derechos humanos en función de sus propias necesidades, la cooperación puede ayudar a obtener mejores resultados.

"Hay, entre otros, judíos, cristianos, musulmanes, budistas, representaciones eclesiásticas, plataformas seculares que se ocupan de cuestiones de derechos humanos en ciudades estratégicas como Bruselas, Estrasburgo, Varsovia, Nueva York, Washington DC", dijo.

"Cada organización, sin embargo, trae argumentos a la mesa basados en sus fundamentos religiosos. Hasta ahora, hay una impresión de que cada organización permanece en sus silos.  A veces hay cooperación para crear una fuerte defensa y campañas, pero eso es más bien excepcional que la regla en esta etapa".

Otra cuestión que debilita la acción de las entidades religiosas en el ámbito de los derechos humanos, dice Kitanovic, es la falta de competencia jurídica al interactuar con otros agentes locales e internacionales.

“Los entornos religiosos prefieren utilizar argumentos teológicos en sus círculos internos, pero en la esfera pública, si las organizaciones religiosas quieren concienciar sobre estas cuestiones, deben utilizar argumentos teológicos transformados en un vocabulario político y jurídico", comenta Kitanovic. "La educación es importante en este sentido, ya que ayuda a traducir los mensajes de los libros sagrados a un lenguaje laico, político y basado en los derechos humanos. Los defensores de los derechos humanos en los entornos basados en la fe deben dominar los lenguajes teológicos, políticos y jurídicos.”

La CEC ha publicado dos manuales de derechos humanos basados en un enfoque teológico y jurídico y, desde 2013, organiza una Escuela de Verano sobre Derechos Humanos, en la que promueve el diálogo entre diferentes entidades religiosas.

"Tenemos una regla", indica Kitanovic. "No hablamos sobre las personas sino con las personas, así que si estamos discutiendo sobre la islamofobia invitaremos a expertos de organizaciones musulmanas, si estamos discutiendo sobre el antisemitismo invitaremos a expertos de organizaciones judías. La cooperación mutua trae muchas buenas amistades y aprendizaje para ambas partes".

El año pasado, la Escuela de Verano de Derechos Humanos de la CEC publicó un comunicado de prensa en el que reconocía el derecho a la libertad de expresión y condenaba las expresiones de odio.

En el comunicado se expresaban las preocupaciones expresadas por los oradores y participantes en relación con el uso de los discursos de incitación al odio en nombre de los políticos populistas en un intento de ganar votos dirigiendo a los grupos de población unos contra otros.

Este fenómeno no se limita a las sociedades occidentales y ha alimentado una explosión mundial de odio y violencia xenófoba desde el comienzo de la pandemia de COVID-19.

Una ola de islamofobia golpeó la capital de la India, Delhi, después de que se creyera que una congregación religiosa en una mezquita era el origen de un importante grupo de infecciones en marzo de este año.

"Había una enorme cantidad de mensajes de odio en todos los medios de comunicación: impresos, en línea y en todas partes", dice la Dra. Kanchan Chandan, investigadora social de la Universidad de Panjab.

"Fuimos testigos de un aumento del nivel de delitos de odio y discriminación en la India desde el comienzo de la pandemia. Los grupos que se ven principalmente afectados u objeto de ataques pertenecen a diversas minorías religiosas, raciales y étnicas".

La Dra. Chandan, cuya labor se centra en las minorías religiosas, los estudios de género y la exclusión social, considera que la promoción y la educación en materia de derechos humanos son la única forma de luchar contra la discriminación y la injusticia en la sociedad india.

"Siempre hemos estado fragmentados en castas. Hubo muchas revoluciones y pensadores sociales que propusieron cambios, pero este sistema sigue prevaleciendo, aunque esté prohibido por la Constitución", dijo.

"Si quieres ver el cambio, tienes que ser el que lo introduzca en la sociedad a través de programas de concienciación y planes de estudios de educación adecuados para los niños, porque ellos son nuestro futuro". Es un proceso gradual, pero algún día lo lograremos".

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