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NUESTRAS HISTORIAS

El Foro Interreligioso del G20 y el COVID-19: Las oportunidades únicas que tenemos en este momento sin precedentes

Victoria Wyszynski Thoresen es titular de la Cátedra UNESCO de Educación sobre Estilos de Vida Sostenibles en el Centro de Aprendizaje en Colaboración para el Desarrollo Sostenible de la Inland Norway University. Especializada en la elaboración de planes de estudio, educación mundial y educación para la paz, entre muchas otras cosas, Thoresen ha trabajado en estrecha colaboración con el PNUMA, la UNESCO y otros organismos internacionales en materia de desarrollo sostenible. En su calidad de miembro del grupo de trabajo consultivo europeo para el Foro Interreligioso del G20, Thoresen analiza las oportunidades que tienen los políticos y los dirigentes religiosos durante la pandemia de COVID-19.

El año 2020 nos ha enseñado cómo de repente nuestro día a día puede cambiar y convertirse en algo inesperado. La gente sigue las noticias de todo el mundo, preocupada por lo que traerá el mañana.

Nos damos cuenta con innegable claridad de lo interconectados e interdependientes que estamos todos. La globalización y las telecomunicaciones modernas han ampliado nuestra conciencia de cómo existen los demás y nuestro papel en sus condiciones.

Tuiteamos y nos vemos por Zoom con amigos y familiares. Lloramos con empatía por las muertes causadas por el COVID-19. Nos estremecemos al pensar en una segunda o tercera "ola".

Pero, ¿están los líderes de nuestros gobiernos, así como nuestras organizaciones religiosas, ignorando las oportunidades que se nos presentan en este momento sin precedentes en la historia?

Por una vez, la incuestionable búsqueda de bienes materiales y la mentalidad competitiva de nuestra época se han visto obligadas a tomar un breve descanso. Los gobiernos alteraron, de un plumazo, lo que se le permitía hacer a la gente.

La justificación: la salud y la supervivencia de los ciudadanos dentro de sus países. Sin embargo, los desafíos a los que se enfrentan las naciones, ya sea el COVID-19, el cambio climático, la recesión económica, o el bienestar general, no se limitan a las fronteras nacionales.

Las sociedades modernas están interconectadas y son vulnerables. La guerra, la paz, la producción, la publicidad e incluso el consumo son esfuerzos mundiales. Lo que hacemos tiene consecuencias globales tanto sociales como ecológicas.

Replantearse las prioridades

Este momento sin precedentes en la historia proporciona a la humanidad la oportunidad de repensar sus prioridades. Ya hemos superado la capacidad de carga del planeta. La temperatura media sigue aumentando. La hambruna y los conflictos devastan a muchas personas.

La apreciación de la identidad compartida por toda la humanidad, junto a una mayor preocupación por el bienestar colectivo e individual, puede guiarnos por nuevos caminos. Los gobiernos, con el apoyo y la asistencia de las organizaciones religiosas, deben centrarse en la unidad y la solidaridad mundial, entendiendo que el progreso de un grupo depende del progreso de todos; el progreso de una nación depende del progreso de todas las naciones.

Esa sensibilización debe realizarse a todos los niveles: en la familia, en los lugares de culto, en las escuelas, en los lugares de trabajo, en los medios de comunicación y en las instituciones públicas.

Crear una cultura de aprendizaje constante    

Ciertas verdades son incuestionablemente universales y duraderas. Sin embargo, nuestra comprensión de ellas cambia y crece constantemente. Ciertas formas de vivir juntos funcionan bien. Sin embargo, los nuevos desafíos a menudo requieren nuevos enfoques.

Reconocer que lo que una vez pensamos que era "correcto" puede no serlo siempre nos ayudará a afrontar los desafíos de nuestro tiempo. Una cultura constante de aprendizaje, sin necesidad de culpar o encontrar chivos expiatorios, contribuye a una flexibilidad que es vital para el crecimiento y el progreso.

Para lograrlo, es necesario aprender a confiar en uno mismo, a ser humilde, a pensar críticamente, a pensar en los sistemas y a cooperar. Hay que dar apoyo a la ciencia y a la investigación. En este momento, con los gobiernos luchando para dar ayudas a las empresas que están en quiebra debido a los confinamientos, no debe pasarse por alto la importancia de la financiación y los subsidios destinados a la investigación y el desarrollo para combatir la injusticia y el cambio climático.

Cambiar nuestro comportamiento como consumidores

El consumo es considerado como la clave para mantener la economía mundial.  La medición del crecimiento económico sigue siendo, lamentablemente, el indicador común para definir el desarrollo y el éxito de las naciones. A menudo se ignoran los extremos de riqueza y pobreza, lo que da lugar a promedios que disimulan el sufrimiento y la necesidad.

La diversidad sucumbe a las normas comerciales. Un gran número de personas, tanto jóvenes como mayores, sufren enfermedades relacionadas con el estilo de vida. El crecimiento material sin restricciones contribuye a la destrucción de los recursos naturales.

Mientras que una economía circular es un paso hacia la mejora, para que resulte efectiva no sólo debemos consumir de forma diferente, sino que también debemos consumir menos.  El consumo consciente, colaborativo y suficiente basado en la satisfacción de nuestras necesidades y no en nuestra codicia, es esencial si queremos combatir el cambio climático y lograr un desarrollo justo en el que "nadie se quede atrás".

Ejercer el liderazgo

Los líderes de los gobiernos, y en particular los del G20, han recibido de sus ciudadanos la responsabilidad de guiar al mundo hacia un futuro que no se vea ensombrecido por las nubes de la enfermedad, el cambio climático, la guerra y el hambre. Muchos se han enfrentado al desafío provocado por la pandemia de COVID-19.

Ahora, tienen la oportunidad de tomar medidas significativas para hacer frente a los muchos problemas que nos apremian y a los que todos nos enfrentamos. Los grupos religiosos pueden y están dispuestos a ofrecer aliento y apoyo. No perdamos este momento único.

 

Victoria Wyszynski Thoresen es titular de la Cátedra UNESCO de Educación sobre Estilos de Vida Sostenibles en el Centro de Aprendizaje en Colaboración para el Desarrollo Sostenible de la Universidad del Interior de Noruega. Este Centro promueve el desarrollo y el uso de métodos de investigación y aprendizaje que ayudan a las personas a contribuir a un cambio constructivo a través de la forma en que deciden vivir. Thoresen se ha especializado en la elaboración de planes de estudio, la educación mundial, la educación para la paz, la educación basada en valores y la educación del consumidor. Además de sus muchos años de experiencia como profesora y formadora de profesores, Thoresen ha escrito artículos y libros de texto para la formación de profesores y ha actuado como consultora internacional en materia de educación. Como líder de PERL, la Asociación para la Educación e Investigación sobre la Vida Responsable, (una red de 140 universidades en 50 países) ha trabajado estrechamente con el PNUMA, la UNESCO y otros organismos internacionales que se ocupan del desarrollo sostenible. Thoresen es miembro de la junta del Foro Internacional del Medio Ambiente, una organización no gubernamental de inspiración bahaí, y ha sido miembro de la Asamblea Nacional Bahaí de Noruega.

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